Resumen

Tenemos la oportunidad de ser parte de una pequeña cohorte de profesores de nuestra Facultad de Medicina, que se atrevió a diseñar un curso totalmente virtual. Fue un duro trabajo, en conjunto con un equipo docente y de estudiantes mientras éramos vistos como bichos raros, aún más siendo formadores de médicos. “¿Eso es poner a los estudiantes a ver videos?” o “no todas las clases se pueden dictar así”, eran los comentarios y preguntas que
escuchábamos de nuestros colegas, que en su mayoría prestaban poco interés en el tema. Bueno, pues hoy tenemos que dictar todas las clases de esta forma y… no es solo hacer videos, ensayos y trabajos en casa, la obligación nace de la pandemia.
Entendimos que el conocimiento que tenemos los docentes, sobre ciertos temas, lo adquirimos a lo largo de la vida y no en un solo curso. La idea era transmitir las herramientas para poder aprender autónomamente por el resto de la vida. El primer cambio que tuvimos que hacer fue enfocar el curso en el estudiante y no en el profesor. El curso dejó de ser una lista de temas, que incluía programas, charlas, talleres y ensayos presenciales, y se convirtió en orden de
ideas y paquetes de actividades orientadas a dejar mensajes duraderos en el estudiante.

Palabras clave: reflexión

2021-02-02   |   12 visitas   |   Evalua este artículo 0 valoraciones

Vol. 9 Núm.2. Julio-Diciembre 2020 Pags. 147-150 Rev.cienc.biomed. 2020; 9(2)