Autor: Haziza Typhaine
A mediados del siglo V a. C., Heródoto —considerado el Padre de la Historia, pero también, en muchos sentidos, de la etnografía— visitó Egipto, al que dedicó un libro entero de los nueve de sus Historias. Particularmente interesado en la geografía del país y su río, el Nilo, se basó en un oráculo de Amón de Siwa para respaldar su propia definición de Egipto. Este último sostenía que los habitantes de las ciudades de Marea y Apis, ubicadas en la frontera con Libia, debían someterse a las normas egipcias, dado que bebían el agua del Nilo. Tras recordar la importancia del Nilo en el pensamiento egipcio, este artículo analiza la anécdota relatada por el historiador griego a través del prisma del “principio de incorporación”, teorizado en particular por el sociólogo Claude Fischler. Según este principio, la incorporación de alimentos no solo puede afectar el carácter de la persona que la practica, sino que también puede tener una dimensión identificativa y política, especialmente cuando se trata de una comunidad y no de un simple individuo. Veremos así que beber agua del Nilo no convierte simplemente a los habitantes de Marea y Apis en egipcios, como afirma claramente el oráculo de Amón, sino que, de modo subyacente, justifica la dominación política del faraón sobre esta población, a pesar de su sentimiento de pertenencia al mundo libio y de no hablar la misma lengua.
Palabras clave: Heródoto; Egipto; “principio de incorporación”; identidad
2026-02-10 | 0 visitas | Evalua este artículo 0 valoraciones
Vol. 49 Núm.1. Enero-Febrero 2026 Pags. 14-21 Cuadernos Nutr 2026; 49(1)