¿Entonces para qué si no era para siempre?

Autor: Agudelo V Diana María

Fragmento

I. Sin lugar a dudas los conflictos amorosos se constituyen en una de las mayores fuentes de malestar para las personas. La historia está plagada de encuentros y desencuentros por amor, de luchas incesantes por alcanzar el que, a veces, parece el más esquivo de los sentimientos. Sin embargo, y al mismo tiempo incluso, tal vez por eso se le ha enaltecido en todas las culturas bajo formas míticas, demoníacas, divinas y mundanas. Se le ha descrito como un sublime sentimiento, una terrible obsesión, el más grande proveedor de sufrimientos, la fuente de salvación; en fin, hasta como una adicción similar a la producida por sustancias. Indiscutiblemente esto tendrá que ver con la subjetividad que marca la vivencia del sentimiento y con el lugar que se le otorga en la propia historia. El sufrimiento humano por amor adquiere diversas formas. Se sufre porque se ama, pero también porque no se ama, porque se ama a quien no corresponde de la misma forma o porque se es amado por quien no se desea ser amado; se sufre por la no reciprocidad, por la mayor o menor intensidad, porque, finalmente, siempre se espera algo más, algo diferente de la pareja.

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2006-04-12   |   1,024 visitas   |   Evalua este artículo 1 valoraciones

Vol. 14 Núm.1. Febrero 2001 Pags. IATREIA 2001; 14(Sup. 1)