Julio C. Tello: “Sin más norma que la verdad”

Autor: Kauffmann Doig Federico

Fragmento

Cuando se cumplen ciento treinta años de su nacimiento, Julio C. Tello sigue vivo en la memoria de los peruanos, como que es una de las más preclaras figuras de la peruanidad y, sin duda, el incuestionable Padre de la Arqueología Peruana. Nació un 11 de abril de 1880 en Huarochirí, lugar donde la espiritualidad prehispánica florecía vigorosa incluso cien años después de haberse producido la irrupción española en territorio de los incas, cuando se seguían comentando los hechos de figuras míticas como Cuniraya y Pariacaca, divinidades que no son sino expresiones literarias del Dios del Agua andino, de máxima jerarquía junto a la Pachamama o Diosa Tierra, y que los antiguos peruanos presumían que, al unirse en una especie de connubio, ofrendaban el sustento a la humanidad y demás seres vivos. Los poderes que se atribuían a Curinaya como oferente del agua vivificante de las sementeras son ponderados en los “mitos de Huarochirí”, recopilados alrededor del año 1600 por Francisco de Ávila, extirpador de idolatrías. Ávila comenta que Cuniraya se jactaba de haber enseñado a abrir canales de irrigación a los pobladores y que por lo mismo “despreciaba a las demás huacas” o seres divinos secundarios. Sobre Pariacaca, la otra divinidad de alto rango emparentada con Cuniraya o acaso el mismo personaje con otro nombre, Ávila refiere que fue cautivado por la belleza de una doncella y por tanto atendió sus pedidos y consintió en abrir el curso de un arroyo y también construyó una zanja por la que hizo correr un caudal que vivificó para siempre los campos de la comarca. El sabroso relato concluye afirmando que la doncella quedó complacida al ver cumplida tamaña obra que beneficiaría a su comunidad, y aceptó los requerimientos amorosos de Pariacaca. Para unirse, ambos se dirigieron a la cumbre de una alta montaña donde optaron por quedarse convertidos en una peña.

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2011-09-08   |   942 visitas   |   Evalua este artículo 0 valoraciones

Vol. 27 Núm.4. Octubre-Diciembre 2010 Pags. 315-319 Act Méd Per 2010; 27(4)