Hematoma pericárdico como consecuencia de contusión cardíaca

Autores: López de la Cruz Yoandy, Reinaldo Baliño Dietmar, Caballero Font Armando D

Fragmento

Señor Editor En los anales de la humanidad, hay referencias tan lejanas a los traumatismos cardíacos, como la del papiro de Edwin Smith, que se supone data aproximadamente de 1600 al 1300 a.n.e. Posteriormente, Aristóteles (384-322 a.n.e.) fue uno de los primeros en dedicar especial atención a las lesiones cardíacas, pues según él, el corazón era “la única víscera que no puede tolerar ninguna afección seria”. A finales del siglo XIX, en fecha no bien precisada por los textos, entre 1876 y 1883, se le atribuyen al gran cirujano vienés Theodor Billroth frases categóricas, en contra del tratamiento a las heridas cardíacas, aunque hay quienes dudan de que realmente hubiese hecho tales comentarios: “El cirujano que intente suturar una herida cardíaca deberá perder el respeto de sus colegas”, y otra: “Que ningún hombre se atreva a operar el corazón”. Sean ciertas o no estas conjeturas de Billroth, la historia mostraría al final un panorama totalmente diferente, pues en 1897, después de siglos de enconados debates, finalmente Ludwig Rehn publicaría en Frankfurt el caso de la primera cardiorrafia exitosa en un humano, con lo cual se inició la era de la cirugía cardíaca. Las lesiones cardiovasculares se han convertido en la segunda causa traumatológica de muerte en el mundo, después del sistema nervioso central. En este contexto, el diagnóstico de lesiones cardíacas cerradas entraña un gran reto para los servicios de urgencias en todo el mundo, pues es importante descubrir qué se esconde bajo el esternón de un paciente con policontusiones.

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2011-10-14   |   967 visitas   |   Evalua este artículo 0 valoraciones

Vol. 1 Núm.2. Marzo-Junio 2009 Pags. CorSalud 2009; 1(2)